EL TABLERO


Dibujo de Chema Pamundi en homenaje a Charlie Hebdo

El mundo siempre ha sido un inmenso tablero de juego. Las reglas y los jugadores cambian a lo largo de la historia. Imperios inmensos han desaparecido por completo, otros han ocupado su lugar. Igual que en un Wargame de tablero, se van ampliando reglas, y sacando expansiones: “Reglas de guerra económica”, “Reglas de guerra nuclear”, “Reglas de agitación popular”, etc.

La guerra, es una de las reglas que más ha cambiado a lo largo de la historia. La guerra ha sido siempre cosa de líderes, reyes, emperadores, que han dirigido a sus huestes a enfrentarse a otros, por un territorio, por riqueza, por poder, por un dios. Pero los líderes son humanos, también por odio, por envidia, incluso porque sí.

Frente a frente, desplegados, con palos y piedras, con escudos y lanzas, con mosquetes y bayonetas, con tanques y ametralladoras, con bombas atómicas. Pero el frente es cosa del pasado, ya se empezó a ver en la Segunda Guerra Mundial. Aún había un frente, pero los bombarderos de largo alcance se hundían tras las líneas del frente, atacaban objetivos militares, pero también a la población civil.

Los civiles, los que están en medio, con sus ideas, apoyando o no a su gobierno, apoyando o no a su ejército. En realidad no tiene importancia lo que piensen, las bombas y las balas los matan igual, las de sus enemigos o las propias. Las bombas no piensan, ni discriminan. La población civil siempre ha sido la víctima, saqueos, violaciones, matanzas, por apoyar a unos, por apoyar a otros, por no colaborar, por colaboracionistas. Da igual el tipo de guerra, siempre es la población civil la que sufre.

En el siglo XXI la guerra es global, y se juega con todas las reglas opcionales. Entre los miles de fichas, entre todos los rincones del tablero, solo algunos destacan, sólo algunos son enfocados por los medios, la mayoría muere en silencio, algunos reciben unos breves minutos de atención. Nos endurecemos, oír durante semanas las víctimas diarias en algunos países deja de llamarnos la atención, nos sigue pareciendo mal, pero nos encogemos de hombros y meneamos la cabeza “¿Dónde vamos a parar?”, al día siguiente 10, 100, 1000 muertos más se sumarán a la cifra, nos volveremos a encoger de hombros, o a lo mejor, ya ni eso.

Y entonces, de repente, entre todo el ruido, llega una noticia que nos impacta más. El primer motivo para esto es que los medios le dan más atención, no solo unos minutos. Programas especiales, conexiones en directo, seguimiento al minuto. Normalmente hay relacionado gente conocida, o sucede más cerca de “nosotros” (en el mundo globalizado “nosotros” es todo occidente). Los analistas buscan los motivos, los gobiernos aumentan los niveles de seguridad, la población manifiesta virtual y físicamente su rechazo. Siempre surgen teorías conspiratorias, algunas tan ridículas que dan risa. Se justifica, se condena, se maldice.

¿Cuánto vale un muerto? ¿Valen más unos que otros? ¿Es más condenable una muerte que otra? ¿Sentimos más unas muerte que otras? Hay una respuesta diferente para cada uno de nosotros.

¿Y los culpables?, ¿y las soluciones? Puedes oír de todo, desde dejarlos hacer hasta convertir sus territorios en desiertos despoblados.

Pero, como decía al principio, las reglas de la vieja guerra han cambiado, ahora estamos en una guerra de guerrillas a nivel global. Donde un solo individuo puede ocupar durante días la portada de las noticias por un acto, mientras miles desaparecen y no se les dedica ni unos minutos. Ya no hay un enemigo, ya no hay un frente. Pueden bombardear, mandar drones asesinos, en otro rincón aparecerá alguien que, en nombre de una bandera, en nombre de un dios o en nombre de la democracia, ordenará más muertes.

Pero hay una cosa que no ha cambiado, las víctimas. Y esto a lo mejor no va a gustar, pero las víctimas, sean quienes sean, no son héroes, nos son mártires, son personas. Personas que han intentado llevar su vida con la libertad que les dejan, y que han intentado hacer lo que creen que está bien, según su criterio.

Todas las víctimas merecen que se piense en ellas, todas las víctimas son importantes, y todos los actos que las producen merecen nuestra condena.

PERDIDOS


Están todos muertos. ¡Ah!, no, perdón, no era eso, no.

Ayer hablaba con un compañero sobre las plumas que nos estamos dejando con “la crisis”. Surgió un comentario que se repite mucho últimamente: “Todo por lo que lucharon nuestros padres lo estamos perdiendo ahora”. Seguro que usted también lo ha oído, a lo mejor incluso lo ha pensado. Pero ayer, justo después de oír esta frase me vino una iluminación. Porque la frase que suele venir a continuación es “Estamos peor que antes”, y ayer me di cuenta de que sí, estamos peor que antes, pero mucho más de lo que nos pensamos.

Hace 100 años, las condiciones de trabajo eran un infierno, pero había algo, había conciencia de ello, y espíritu de lucha para conseguir cambiarlo. No lo tenía una mayoría de gente, pero sí los suficientes para conseguir cambiarlo.

Hoy en día ese espíritu no existe, o como mucho solo existe en unos cuantos. Nos han domesticado, y nos han convencido de que es lo mejor. Los sindicatos, los mismos que conseguimos muchos de esos derechos, nos vemos firmando acuerdos en los que los vamos cediendo “por el bien común” o porque “mejor eso que un ERE”; y luego vendrá el ERE, claro. Pero no se puede echar a los sindicatos toda la culpa. La solidaridad entre los trabajadores, una de las herramientas de hace 100 años, está muerta. No voy a decir que a la gente no le importa que un compañero pierda el empleo, sí le importa, pero de eso a mover un dedo por esa persona hay un abismo. Eso en el mejor de los casos, porque otros muchos hasta justifican y defienden estas posturas patronales (curiosamente eso lo suelen hacer los que no han sido despedidos, claro). Y no solo eso, los más lanzados no se cortan un pelo en girarse acusadoramente hacía los delegados de personal: “La culpa la tiene el Comité”.

Así que ya ven ustedes el panorama: la vía de la negociación la tenemos jodida, el espíritu combativo desparecido, la solidaridad camuflada. ¡Ah! Pero aún nos queda algo, nos queda la revolución.

¡Ay! Esperen, esperen que me seque las lágrimas; si es que tanta risa ya tiene esas cosas. Es posible que en algunos países aún quede algo de la semilla necesaria para hacer una revolución como dios manda, pero lo que es en occidente, olvídense. Porque además de todo lo que ya he explicado arriba, encima hemos dejado que nos arranquen los colmillos. Nos han convencido de que la violencia no es civilizada ni democrática. Curiosamente, los mismos que nos dicen eso, no dudan en plantarnos delante a unos armarios roperos armados hasta los dientes, y cuyo concepto de la violencia varía bastante en función de quien tienen delante. Pero eso sí, “la sociedad” prefiere criticar al que ha roto unos cristales de un banco, ha quemado un contenedor o ha tirado una botella a un señor con casco, que al que se ha dedicado a abrir cabezas con su porra, o a los cinco que han hecho falta para darle la paliza a una persona.

Y así seguimos, y creo que va para largo. Contra algunas opiniones que oigo, yo no creo que la gente se vaya a hartar y vaya a decir basta, más allá de algunas manifestaciones y huelgas puntuales, por aquello de los ritos catárticos y tal, pero tenemos unas tragaderas de dimensiones más que considerables. Así que ya saben, a joderse y a aguantarse porque “¿qué se le va a hacer?, las cosas son así, ya vendrán tiempos mejores”

¡Ah! Y Feliz Año Nuevo, ¿Eh?, de nada hombre, de nada.

DRET A DECIDIR


Los que me conocen ya saben que no soy independentista, más bien voy hacia el lado contrario, hacia un utópico gobierno planetario (al menos hasta que lleguemos a la Federación de Planetas). Quizás por eso me miro todo el tema de la “Via Catalana” con un poco más de escepticismo.

De salida me gustaría apoyar algo que significa un cambio importante en la manera de gobernar un país. Pero es que lamentablemente me temo que cambiar, lo que se dice cambiar, sólo van a cambiar los que nos meten la mano en el bolsillo.

No hay nada de lo que se ha dicho en todo este proceso, que me atraiga lo más mínimo. Bueno, no, miento, hay una cosa, aunque no se ha dicho directamente. Evidentemente, un nuevo estado catalán no sería una monarquía; algo es algo, pero no es lo suficiente.

Un ejemplo, la Llei de Consultas. Se aprobó a tramitar de urgencia el 19 de marzo, se espera que esté aprobada para octubre de este año, y que sea la base para realizar el famoso referéndum por el “Dret a decidir”. Claro, yo defendería a capa y espada una buena ley de este tipo, una ley que pusiera en manos del pueblo una serie de decisiones, y que permitiera corregir y castigar los errores de nuestros políticos, pero no es el caso. Lo que recogerá esta ley son referéndums “no vinculantes” , tócate los cojones. O sea, que podría salir aprobada por amplia mayoría la independencia, y los señores políticos no tendrían la obligación legal de hacer caso a las urnas. Pues que bien, permítanme que me cague en medio.

Y entonces claro, si esto, que debería ser la base de todo lo demás, está así, ¿Qué quieren que piense del resto de maniobras y cuchilladas entre partidos que se están viendo? Amenazas por aquí, cambios de chaqueta, rectificaciones, etc. La única impresión que me da es la de siempre, que lo que piense la gente les da igual, a los unos y a los otros, que lo único que quieren es montarse mejor su chiringuito, a costa de nosotros, claro. Que lo de “Dret a decidir” queda muy bonito, pero que evidentemente sólo podremos decidir lo que nos dejen decidir, como nos lo dejen decidir, y cuando nos lo dejen decidir. Y después a callar y a ser buenos chicos, u os saco a los Mossos a que os calienten. Coño, que parece que nadie se acuerda de que TODOS los partidos que están metidos en este tema, cuando les ha hecho falta, han callado la voz del pueblo a hostias, y se la han pasado por el forro.

¿Dret a decir? SÍ, siempre, a decidir lo que el pueblo quiera decidir, no a decidir lo que a ellos les salga de los cojones. A decidir las cosas importantes, las cosas que de verdad dan bienestar, no la paja. Y a decidir, por supuesto, de una manera vinculante, que se vean obligados a hacer caso a la gente.

Con algo así, quizás cambiara mi manera de pensar y apoyara la independencia, mientras tanto, no gracias.

14N HACIA OTRA HUELGA GENERAL


Pues sí, ya ha dejado de ser un rumor para convertirse en algo firme, UGT y CCOO anuncian convocatoria de huelga para el 14 de noviembre. Seguro que otros sindicatos se unirán, y posiblemente otra huelga general convocada por CGT en otra fecha, cambie de fecha (pero esto es pura especulación).

Mi experiencia en la última huelga general, me hace preguntar si estamos haciendo lo correcto con estas convocatorias (y con la difusión sindical en general). La verdad es que ayuda el haber puesto en común algunas ideas con unas amigas de otros sindicatos, y comprobar que no soy el único que hace esas reflexiones.

Que conste que siempre he defendido la forma de protesta máxima a la que tienen derecho los trabajadores, pero es que quizás el primer problema ya viene de ahí “que tienen derecho los trabajadores”.

La huelga no es algo nuevo, dicen los historiadores que la primera fue en el 1166 AC, en Egipto. La huelga ha sido siempre el mecanismo de presión final, cuando la negociación era imposible, para conseguir que un patrón escuchara las reivindicaciones de sus trabajadores. Es un tira y afloja, de ver quien aguanta más, si el patrón viendo su producción parada o disminuida, o los trabajadores que no reciben salario por estar de huelga (eso cuando no reciben otros problemas peores).

Es por ello que el terreno ideal para una huelga es una empresa, o un sector. Normalmente al decir esto hablamos de territorios limitados, de trabajadores concienciados, porque son los afectados directos de los beneficios obtenidos por la huelga. Por no decir que es mucho más fácil de controlar por los piquetes informativos.

Ya que nombro a los piquetes informativos, abro un paréntesis para hablar algo más de ellos. ¿Qué es un o qué debería ser un piquete informativo? Lo que su nombre indica, informativo. O sea, yo soy un ciudadano y/o trabajador que no me he enterado de los motivos de la huelga que me afecta como trabajador o como usuario, y estos señores me informan de voz o mediante el reparto de folletos, no hacen nada más, solo informar. Al margen de esos piquetes debería haber algo que llamaré Piquetes Activos. Estos son los que deben actuar cuando un trabajador o grupo de trabajadores no puede hacer huelga por las amenazas y medidas de presión de su jefe (también llamado Piquetes Empresariales”). Los piquetes activos se presentan en esa empresa para impedir que los trabajadores puedan entrar a trabajar, los trabajadores “quieren”, pero no les dejan, el jefe no puede tomar represalias con ellos, y ellos ven respetado su derecho a la huelga. Cierro paréntesis.

De todos modos los sindicatos nos hemos domesticado mucho en como llevamos una huelga. Aunque no hace mucho hemos visto como se las traen lo mineros cuando les tocan los huevos. Eso es una huelga de la antigua escuela, nada de un día de mierda, nada de servicios mínimos, nada de concesiones, todo o nada, y el que sea más fuerte en movilización, gana la batalla. Ahora nos limitamos a un día de huelga, servicios mínimos, falsear cifras, y parar las tres o cuatro cosas más visibles para dar sensación de éxito total.

Pero no estamos hablando de una huelga de empresa o de sector, estamos hablando de una huelga general, de algo que debe de paralizar a un país. Y ahí es donde notamos lo que he venido a llamar el Gueto Sindical./

Una huelga general solo se puede convocar para demostrar al gobierno el descontento de la mayoría de la sociedad, no solo de los trabajadores. En una huelga general deben participar trabajadores, parados, jubilados, estudiantes, personas que cuidan de sus familiares. ¡Coño! ¡En una huelga general deberían de participar hasta los empresarios!

Pero esto no se consigue desde el gueto, esto no se consigue a base de asambleas en centros de trabajo (donde de 4000 trabajadores te vengan 4), esto no se consigue con reivindicaciones laborales, porque una huelga general está más allá de todo eso. Una huelga general es la expresión de que el pueblo está hasta los huevos de un gobierno que lo único que hace es negar la realidad y darles por el culo, sin hacer caso de sus protestas. Una huelga general debería de ser un pulso, de un pueblo a sus gobernantes, hasta que estos hicieran caso de sus peticiones o dimitieran.

¿Y por qué no pasa esto? La calle se llena cada semana de gente quejándose, por una u otra cosa, el número de parados crece sin cesar, los abusos contra los más dependientes van a más, los recortes, los impuestos, nos afectan a todos, ¿por qué toda esa gente no está en la calle el 14N?

Aquí es donde se demuestra que el gobierno y los partidos políticos no son los únicos que viven en una realidad alternativa, a los sindicatos también nos pasa. Nos pensamos que representamos al pueblo, porque creemos que representamos a los trabajadores. Pues ni lo uno, ni lo otro. ¿Recuerdan esa frase tan de moda estos días? “No nos representan”, pues los sindicatos deberíamos aplicárnosla, porque no les representamos, solo una pequeña minoría se siente representada por nosotros, y hasta eso es dudoso, porque hay un porcentaje de afiliados que solo lo está para tener un abogado barato cuando lo necesita.

El pueblo ve a los sindicatos como otra casta más, otro engranaje de la máquina que les da por el culo. Nos ve pactar pérdidas de derechos, nos ve hacernos fotos con los que les están jodiendo, nos ve acuchillarnos por poner una bandera más que el otro sindicato, al lado del cual nos manifestamos, nos ve disfrutar de unos privilegios que ellos no pueden tener, nos ve alimentarnos de la misma teta a la que se supone que deberíamos enfrentarnos, y no lo entiende. No lo entiende, porque las cosas buenas que hacemos quedan tapadas por toda esta costra de roña. No lo entienden porque cuando hablamos, hablamos para el gueto, no para ellos.

Y entonces pasa lo que pasa, que a los primeros que tenemos delante cuando hay una huelga general es a ellos, a ese pueblo al que no representamos, y que ese día ve que no puede llegar a su trabajo y su jefe se lo va a descontar, que no puede ir al médico, que no puede ir a comprar. Lo más irónico es que esa persona, esa persona que está gritando indignada al piquete que no le deja coger el metro, en realidad está tan hasta los huevos del gobierno como el que se lo está impidiendo. Pero como no nos entiende, como no le representamos, como no puede ir a cargase en el gobierno, se caga en nosotros, que nos tiene más a mano. Y por los mismos motivos, nosotros nos cagamos en ella.

Y este círculo vicioso seguirá y seguirá, a menos que lo cambiemos. Y cambiarlo está, sobre todo, en nuestras manos, en manos de los sindicatos. De hacer una labor de difusión muy importante, de salir del gueto y ponernos al lado de la sociedad, de olvidar banderas y marchar con ellos hombro con hombro, cuando convocamos nosotros o cuando convocan ellos. Tendríamos que ponernos delante cuando les quieren reprimir a porrazos, denunciar esa violencia injustificada. Y habría que ir pensando en que si queremos estar ahí abajo, en la realidad, tendríamos que empezar a dejar algunos de esos privilegios que tenemos, y tendríamos que dejar de sonreír, cuando vamos a hacernos según que fotos, al menos que se nos noto de mala hostia. Tendríamos que ser capaces de no querer ser la voz del pueblo, sino de hablar junto a ellos, que ya hay demasiado listo que se proclama «la voz del pueblo». Para esta huelga los mitings y las asambleas deberían hacerse en las plazas, en los barrios, en la calle. Deberíamos hacer que los oiga la gente, deberíamos hacer que la Red ardiera con nuestros mensajes, repetidos por todos.

Y si no somos capaces, es que no nos merecemos estar donde estamos, y que debemos dar un paso atrás, y dejar que se ponga al frente otros que sí sean capaces.

Basta


Lean el título, es un mensaje corto y sencillo, es una declaración de principios: basta. ¿No creen  que es el momento de decírselo a ellos? Me considero una persona realista (otros dicen que pesimista), yo creo que esta reforma habría llegado igual fuera cual fuera el color del gobierno. En el hipotético caso de que el gobierno no lo hubiera hecho, habría recibido fuertes presiones y ataques especulativos, hasta tener que ser intervenidos. Y una vez intervenidos ya sabemos quién dicta las ordenes, y quién pone o quita un gobierno.

Espero en los días venideros poder hacer alguna otra entrada, analizando con lo poco que sé, lo que veo en esta reforma laboral. Se lo resumiré: es una carta blanca a los empresarios, para reajustar, a su conveniencia, lo que les de la gana dentro de su empresa, y pasar por encima de los derechos de su personal. No creo que haga falta decir nada más sobre esto, los medios e Internet van llenos de artículos al respecto. Es importante que no se fíen de los medios, porque bombardean con titulares sobre los cambios “más importantes” de está reforma. Cambios que posiblemente el gobierno, en la gestión en el parlamento, suavice un poco. Pero es que hay muchas cosas de las que casi no se habla, que son de una brutalidad difícil de imaginar. Pero lo dicho, espero poder tratar el tema más en profundidad.

Ahora hagamos algo de reflexión. La actual crisis la fabrican los bancos, con todo el tema de las hipotecas basuras (bueno, esto es una de las teorías, tiene de todos los colores, pero los bancos siempre están en medio). El sistema financiero se empieza a tambalear a nivel mundial, y todos los que están chupando de él tienen miedo de perder la teta que les alimenta. Así que los gobiernos empiezan a inyectar capital a las entidades financieras, y éstas a guardárselo en el bolsillo por si vienen tiempos peores.

La crisis no frena, cae el consumo, lo que obliga a tomar medidas a las empresas, reducción de plantillas, reducción de gastos. Más caída de consumo y aumento de gente solicitando las ayudas para estas situaciones a los gobiernos. Los gobiernos ven como su dinero se va cada vez más deprisa, y por si fuera poco los especuladores van atacando la moneda, los alimentos, la deuda, cualquier cosa de la que se pueda sacar dinero rápido. Empiezan a haber gobiernos que amenazan con la bancarrota, y son intervenidos para que no se vengan abajo y se produzca un efecto dominó. Se les inyecta dinero, pero a cambio de unas exigencias de recortes durísimas. Incluso con estas medidas, alguno de estos gobiernos no tiene bastante, necesitan más dinero, y claro, les piden más recortes. A los que no dan el callo ya directamente les cambian el gobierno para poner uno “técnico” que haga lo que tiene que hacer, o sea recortar. Los demás como no quieren perder el sillón, recortan más sin que nadie se lo diga.

Y aquí estamos, como ven es un resumen rápido. Entonces, ¿quien es el causante inicial de todo esto? Correcto, los bancos. Los mismos que siguen forrándose con beneficios año tras año, los mismo cuyos directivos tienen unos sueldos que son una vergüenza, los mismos que te ponen en la calle si ya no puedes pagar tu hipoteca, los mismos que te han engañado con “maravillosos” productos de inversión y ahora no te dan tu dinero.

A los bancos se la suda que hagamos huelga, se la suda que nos manifestemos y se la suda que la liemos parda y le peguemos fuego al país. Se la suda porque todo eso es movimiento de dinero, que es su negocio y lo que les hace ganar aún más dinero.

A los bancos sólo les duele una cosa, nuestro/su dinero. Es por eso que están liando la que están liando, porque son como Tío Gilito nadando en su piscina de dinero, nunca tienen bastante. Pero tienen un punto débil, la mayor parte de su dinero es en realidad nuestro dinero. ¿A alguien que te esta dando por culo contra tu voluntad le darías voluntariamente tu dinero? ¿Entonces por qué se lo damos a los bancos?

Mi propuesta de protesta es muy sencilla, fijemos una fecha del calendario, a partir de esa fecha, cada uno según vaya pudiendo, vamos a retirar de una vez la mitad del dinero que tenemos ingresado. Vamos a marcar unas condiciones, y vamos a fijar un plazo. Si pasado ese plazo no se han cumplido las condiciones, retiraremos el resto del dinero.

Tengan claro que si esto funcionará de manera masiva, no tardarían ni una hora en hacer cerrar las oficinas bancarias para que no pudiéramos sacar más dinero, ese es el momento en que hay que sentarse delante del banco, y decir que no nos moveremos hasta que nos den nuestro dinero.

Para quien le apetezca sumarse a esta iniciativa, y moverla por Internet propongo dos hastags, #basta y #dememidinero.

A VUELTAS CON EL GOBIERNO


La ola de las elecciones queda atrás. Ahora viene otra ola de indignación, de incomprensión, de rechazo. Ahora todo el mundo tiene la formula magistral de cómo tendría que ser el gobierno.

Pues qué coño, yo también. Puestos a pensar soluciones utópicas, yo no me pienso quedar atrás. Además, ¿quién sabe? Si dejo suelta la idea, lo mismo acaba en la cabeza de alguien con poder para hacerla crecer.

Ah, sí, je, no les va a gustar, pero como es utópica, ya comprenden ustedes lo que me importa.

Punto uno.

Se seguirá denominando al gobierno con ese nombre, por la costumbre más que nada. Pero en realidad pasarán a ser gestores (idea con derechos reservados de @SandroideV). No pertenecerán a ningún partido. Se determinarán los ministerios necesarios, pueden variar según las necesidades. Para cada ministerio se presentarán, voluntariamente, los expertos en el tema que deseen acceder al puesto. La elección será a doble vuelta, con circunscripción única. Los cinco más votados pasarán a segunda vuelta, que ganará el más votado.

No habrá campaña electoral. Los candidatos se limitarán a hacer público un curriculum, tan completo como deseen. Deberán presentar también las ideas iniciales de gestión, en caso de que lleguen a ocupar el puesto. Se realizarán una serie de actos, donde los ciudadanos puedan hacerles preguntas. Se garantizará que se haga pública cualquier información aportada por un ciudadano en contra de un candidato, y que se haya demostrado que sea veraz.

Cada ministerio tendrá claramente establecidas sus funciones de gestión. Algunas serán realizadas automáticamente, otras necesitarán de la aprobación del parlamento. También podrán proponer nuevas leyes, que ayuden a la gestión de su ministerio, y que siempre deberán ser primero aprobadas por el parlamento. El parlamento determinará si se ha de someter la ley a un referéndum.

Los ministros cobrarán el salario mínimo del país. Dispondrán de vivienda, medio de transporte, alimentación y todo lo que sea necesario para poder cumplir con su cargo. Tendrán además un equipo de personas a sus órdenes apara ayudarles. Al terminar su mandato, o ser despedidos, recibirán las indemnizaciones salariales establecidas para el resto de trabajadores.

No habrá presidente del gobierno, sino un portavoz, para facilitar la comunicación del gobierno.

Se establecerán las condiciones en las que la ciudadanía podrá despedir al ministro. El cargo de cada ministro, pasará una moción de confianza anual, para poder seguir otro año más. Cada cuatro años, se repetirán las elecciones para los ministerios.

Punto dos.

El parlamento pasará a ser lo que nunca debió de dejar de ser, una representación de los ciudadanos, literalmente.

Se determinará cuantos parlamentarios debe haber, estableciéndose una proporción de tantos ciudadanos para cada parlamentario. Se formarán grupos electorales, compuestos por el número de ciudadanos necesarios. Se elegirá por sorteo qué ciudadano ocupa cada escaño. La elección se realizara cada año. Un ciudadano puede rechazar el cargo, pasando a repetirse el sorteo.

Las condiciones laborales de los parlamentarios serán las mismas que las de los ministros. La única excepción es que no dispondrán de un grupo de colaboradores para cada uno, sino de uno común para todos.

La función del parlamento será aprobar o rechazar la gestión del gobierno. También aprobar o rechazar las leyes creadas por el gobierno, y decidir las que necesitan de un referéndum. Un parlamentario podrá también proponer leyes, que tendrán el mismo tratamiento que las presentadas por el gobierno.

Punto tres.

Los partidos políticos dejarán de tener poder gobernativo. Seguirán existiendo, pero como una asociación de personas que comparten ideas comunes, sin ningún tipo de poder real o de subvención económica.

Para la puesta en marcha de algo de estas características, sería imprescindible una reforma absoluta del sistema educativo. A lo largo de toda su formación, la ciudadanía recibiría los conocimientos necesarios para poder realizar funciones de parlamentario de manera correcta.

Además, se crearía una formación especial, más completa. Para personas con un interés especial en el tema.

Por último, se crearía una formación aun más especializada, para recibir los conocimientos necesarios para un determinado ministerio.

La utopía está plantada, ¿alguien la quiere regar?

Votad, votad, malditos


Mira que dije que no volvería a hacer una entrada sobre la abstención, ya hice ésta, para que perdurara, al menos mientras no cambiara mi opinión al respecto. Pero qué le vamos a hacer.

Estoy cansado de oír que la abstención favorece a tal o favorece a cual o a Pascual. Esta vez se está ya rizando el rizo, y se dice que favorece a la banca. Fascinante, como si a la banca le importará una mierda a quien votemos, los que acaban mandando son ellos, a quien no votamos, a través de otros líderes, a los que tampoco votamos.

Vamos a ver, tomemos los datos de las pasadas elecciones generales, las del 2008. Me permitirán que para hacer más sencillo el ejemplo, haga una pequeña trampa. Voy a considerar que sólo existe una circunscripción electoral para toda España, y no una para cada provincia (más Ceuta y Melilla), como sucede en realidad.

En las elecciones del 2008 hubo 8.360.597 abstenciones y 162.416 votos nulos. Sumados a los 25.514.671 votantes, y a los 284.868, hacen un total de 34.286.552 personas con derecho a voto. Supongamos por un momento que emiten un voto valido absolutamente todos. Como supongo todos ustedes ya saben, hay un porcentaje de corte para poder optar a tener un escaño, para las elecciones generales el porcentaje es del 3%. En mi ejemplo, esto quiere decir que para poder conseguir un escaño se necesitan 1.028.595 votos.

Si observan aquí los resultados de las pasadas elecciones, verán que solo hay dos partidos que hubieran conseguido pasar esa barrera. Sí, son justo esos que están ustedes pensando.

El lector astuto ya debe de pensar que estoy haciendo trampas, porque claro, no puedo pretender usar como ejemplo unas cifras, donde falta esa masa de votos que justo utilizo para subir el listón. Es evidente que con todos esos votos de más, los partidos tendrían más votos, y se supone que podrían pasar la barrera. Es imposible saber como votaría la gente en una situación como la que planteo, pero podríamos considerar como un ejemplo, relativamente valido, basarnos en los porcentajes que obtuvieron los partidos. Con esos incrementos, los dos partidos que ya tenían la mayor representación, se repartirían más de 7.000.000 de votos, de los 8.523.013 disponibles. Los únicos que conseguirían pasar la barrera serían IU, y por los pelos CiU.

Que quede claro que este ejemplo, matemáticamente hablando, es muy inexacto, porque se supone que CiU recibe votos en toda España, cuando no es así. Pero creo que podría acercar bastante a lo que podría suceder.

Y es que, mis queridos amigos, tendemos a pensar que, esa masa de abstención, votaría como un solo hombre a un partido, y por supuesto pensamos que sería el partido que queremos que cada uno queremos que gane. Pero dado que eso ya no pasa con la gente que va a votar, es bastante improbable que pasará con estos nuevos votantes.

Bueno, ahí tienen un motivo de por qué los políticos quieren que haya la menor abstención posible. Pero hay otro, el económico. Por cada voto recibido, el partido gana 1,26 €. Esta cifra puede sonar ridícula, pero multipliquen, multipliquen. En mi ejemplo, el PSOE ganaría cuatro millones más de euros. No está mal, ¿verdad?.

Analizando esto, si realmente queremos darles una sorpresa, habría una manera, pero es aún más utópica que otras que se les puedan ocurrir, pero la dejo caer. Si todos, o una mayoría muy grande, votáramos en blanco, ningún partido podría conseguir representación. Como ya saben, el voto en blanco es un voto valido, que se contabiliza para trazar el listón de corte.

Pero por ahora, como ya decía, esto es una utopía, casi tanto como pensar que conseguiremos votar a un partido realmente honesto, y con intención y posibilidades de cambiar las cosas.

Trileros


Supongo que existen en todas partes, pero en Barcelona son un clásico. Los he visto por las Ramblas desde que era un chaval. Aunque han ido variando.

Cuando empecé a verlos eran normalmente gitanos autóctonos, y no usaban cubiletes y bolitas, sino tres cartas de baraja española ligeramente dobladas. En el viaje de fin de curso de FP, conocí a un chaval que sabía usarlas, y nos enseñó cómo nunca se puede ganar. La habilidad al mover las cartas hace que sea casi imposible saber donde va a parar la carta que buscas.

Pero por si eso no fuera suficiente, el trilero está rodeado de colegas. Sus colegas realizan tareas diversas, hacen de paletos que demuestran lo fácil que es ganar, dan el agua si llega la policía, aconsejan al incauto, o le recomiendan volver  a probar, “que esta vez seguro que acierta”. Cuando todo sale mal, y el panoli consigue acertar, montan una tangana y todos desaparecen, dinero incluido.

Actualmente los trileros suelen ser gente de otros países, y en vez de las cartas usan los cubiletes y la bolita. Cualquier aficionado a la magia sabe como se hace ese truco, y sabe que nunca se gana, siempre se pierde., porque al contrario que con las cartas, la bolita ni siquiera esta debajo de los cubiletes.

Y sin embargo, a pesar de que se han hecho hasta campañas publicitarias que explican que es un timo, ellos siguen en las Ramblas, y los panolis siguen picando. Jamás en mi vida se me ha ocurrido intentar cambiar eso jugando, para que deje de ser un timo. Sé de sobras que, si lo intentase, como mucho me llevaría algún golpe. Así que hago lo que me parece de sentido común, lo miro de lejos, refunfuño, y sigo mi camino, y advierto a quien puedo de que no juegue porque lo están timando.

Aplico ese mismo espíritu en las elecciones. Todo el mundo tiene claro que los políticos en el poder les están timando, les están haciendo trampas. Pero, curiosamente, en vez de dejar de jugar, prefieren repetir, a ver si está vez aciertan con la bolita, o como mucho cambian de trilero, esperando que el nuevo sea más honesto.

Y encima, cuando voy y digo que no juego, porque no me gusta que me timen, se enfadan y me dicen algunas cosas bastante desagradables.

Nada hombre, ustedes sigan, y sobre todo no pierdan de vista la bolita, que a lo mejor hay suerte.

Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar…


El Mercado ha dormido tranquilo esta noche. Arrullado por el sonido de los votos en Grecia, el ruido de la protesta de los griegos no le ha molestado.

El Mercado vive unos tiempos de ensueño. Con el miedo de la crisis como arma, está consiguiendo cosas que no se habían conseguido en las peores dictaduras, ni en los estados más fascistas posibles. Ha conseguido que las personas, que los terrícolas, dejemos de importar. “¿Qué más da lo que piensen los terrícolas?”, se dice para si mismo el Mercado. “Ellos no saben lo que es realmente importante, no entienden las consecuencias, sólo yo lo veo, sólo yo sé qué hay que hacer. Y si no se hace será el caos y la anarquía”.

Y eso, el caos y la anarquía, es lo que más teme el Mercado, porque pierde su control. Las soluciones están claras para él. Convertir los derechos de los terrícolas en un lujo, un lujo que solo se podrán pagar unos pocos, y los demás ya se apañarán. “Además, cuando la gente esté en la calle, sin casa, sin trabajo, sin comida; habrá bastante con arrojarles un mendrugo de pan, y ya estarán contentos”, se dice sonriendo. “Se ha demostrado científicamente que hasta que las necesidades básicas no están cubiertas, los terrícolas no se preocupan de otras necesidades menos vitales”, concluye satisfecho.

Y en su ceguera, el Mercado no se da cuenta de que los terrícolas no sólo somos su mano de obra, también somos sus consumidores, y los que pagamos sus cuentas con nuestros impuestos. Todas las medidas que se han puesto en marcha contra la crisis (la de Grecia y las demás), todos los planes de rescate, van hacía el mismo sitio, satisfacer al Mercado, a costa de lo que sea. Grecia, es el claro ejemplo de que el plan de rescate solo vale para convertir la vida de sus ciudadanos en un infierno. Se ha terminado el dinero del primer plan de rescate, a pesar de todas las medidas tomadas, y para evitar la quiebra del país, la única solución ha sido otro plan de rescate. Y el precio es medidas de recortes más drásticas aún. Más trabajadores a la calle, menos servicios para sus ciudadanos.

Y mientras tanto, la deuda mundial aumenta, y va pasando de unos a otros. Ahora es China la que compra deuda. Me han de perdonar, mis conocimientos económicos no llegan a tanto, me pierdo cuando se entra en el lenguaje de economistas. Y sin embargo saco algunas conclusiones.

Eso que alegremente se llama deuda, son las facturas sin pagar de los estados. Como no las pueden pagar, se las venden a otros. Son como los pagarés. Un pagaré era un documento por el cual una persona certificaba a otra que le debía una cantidad de dinero determinada, y que esa persona tenía derecho a cobrarlas. El adeudado, podía quedarse el pagaré hasta que fuera posible cobrarlo, o podía vendérselo a alguien por una cantidad inferior, con lo cual recuperaba parte de su deuda, y el otro ya se apañará para cobrar. Evidentemente, durante todo el proceso, la deuda va creciendo a causa de los intereses.

Pues bien, la deuda de los estados es lo mismo. El estado va dejando dinero (nuestro dinero, no lo olvidemos) a entidades para evitar su caída, va gastando su presupuesto aquí y allí, y se va endeudando cada vez más. Y entonces vende su deuda. Quien la compra (hasta ahora los bancos alemanes, ingleses y franceses) se la compra para, al vencimiento de la deuda, ganar un x % más. Cuando llega el momento de pagar esa deuda, si el estado no tiene bastante dinero, vende más deuda, para poder pagar, y claro, el que compra pide recuperar más. Y así se va creando, mágicamente, más y más dinero, que no esta respaldado por nada, solo por una deuda que se hace cada vez más imposible de pagar. Finalmente pasa lo de Grecia, cuando ya nadie quiere la deuda, porque esta claro lo que va a pasar, o se consigue dinero o todo se va a tomar por culo. En este caso Europa deja el dinero, o sea, Europa se endeuda más, para rescatar a Grecia (que no a sus ciudadanos, no olvidemos esto tampoco). ¿Y quién está comprando esa deuda Europea? Pues ahora mismo China, que le salen los billetes por las orejas. Pero no hace falta ser un lince para darse cuenta de que esto es una carrera hacía el infierno, cuesta abajo y sin ruedas.

Es más. Desde mi desconocimiento, veo muchas similitudes entre otras burbujas económicas (la hipotecaría, la de ladrillo, la tecnológica) , que han acabado estallando al ver que estaban sostenidas sobre nada, y la que yo llamaría «burbuja de deuda». El problema es que cuando esta burbuja estalle, detrás no quedará nada, y lo que pueda pasar es una incertidumbre absoluta, incluso para el Mercado.

A vosotros, terrícolas, os digo, mirad a Grecia, aprended y preparaos, porque a menos que hagamos algo, pronto estaremos así. Y todo lo que se ha movido hasta ahora en las calles será una risa, comparado con la lucha que se nos viene encima. Así que, o nos juntamos todos, pero TODOS, y le enseñamos los dientes al señor Mercado, o lo tenemos claro.

Recortes


Desde hace un tiempo nuestros “queridos” políticos han descubierto que hay una crisis. En realidad, hace mucho más que existe una crisis de lo que ellos se piensan, pero claro, esa crisis la sufríamos en la parte baja de la pirámide, no en el estrato donde ellos residen. Para ser más exactos habría que decir que la crisis afecta al Mercado, y es el Mercado quien le dice a los políticos que lo arreglen, que para eso les paga.

Para solucionar la crisis del mercado, los políticos sacan las tijeras y le dan a los recortes. Y como nadie entiende esos recortes, deciden explicárnoslo como si fuéramos niños pequeños y además tontos. Y van y comparan la economía del país, con la economía de una familia. Y nos explican que cuando en una familia el dinero no llega a final de mes, también se hacen recortes.

Razón no les falta, eso es así. Pero claro, una cosa es hacer recortes, y otra hacerlos como lo hacen ellos. Y como ellos también parecen tontitos, pues vamos a explicarlo del mismo modo. Presten atención, señores políticos, que no repito.

Supongamos una familia de cinco personas, un matrimonio, dos hijos y el abuelo. La familia no tiene un mal nivel económico, el matrimonio trabaja, y también uno de los hijos, y además el abuelo recibe una pensión no contributiva. Tienen un piso en la ciudad y una torre en una urbanización, dos coches, bueno tres, aunque el abuelo casi no usa el suyo. Todos los tienen en un parking junto con la moto para el hijo que trabaja. La hija estudia en la universidad. Tiene una persona que les viene dos veces por semana a ayudar en la limpieza. Tienen Internet, televisión satélite, y están suscritos a dos diarios y varias revistas. También pagan una mutua médica, un plan de pensiones, varios seguros, y con lo que consiguen ahorrar hacen al menos un viaje al año.

Como pueden observar, la familia no vive en un gran lujo, pero no se pueden quejar, se puede decir que viven bien.

Pero eso va a cambiar, llega la crisis, dos miembros de la familia se quedan sin trabajo. Al principio, mientras les dura la prestación de desempleo, sólo han de reducir algunos gastos, pero cuando se termina, y sigue sin llegar el trabajo, llegar a fin de mes es cada vez más difícil.

Bueno, llegados a esta situación, comienzan los recortes. ¿Qué haría una familia para conseguir llegar a fin de mes?. Hay cosas bastante claras, los vehículos de familia deberían dejar el parking, y habría que desprenderse de alguno de ellos. Se harían turnos de limpieza para ahorrase el gasto de la persona de limpieza. Las vacaciones se dejarían para tiempos mejores. Gastos superfluos como la televisión satélite, la suscripción a diarios y revistas, serían los primeros en saltar. Si la cosa sigue sin arreglarse, habría que entrar con gastos más importantes, planes de seguros y seguros varios, desprenderse de la casita de campo. ¿Qué es lo que aguantaríamos hasta el final? Pues lo relacionado con la salud, la alimentación y con la educación, ya que los dos primeros son necesarios para mantener una vida digna, y lo segundo puede ser el futuro de la familia.

¿Y qué pasaría si esa familia fuera nuestro país y nuestro gobierno tomará las decisiones? Para empezar contrataría a algunos expertos (y no baratos), para estudiar porque está pasando todo. Después, negaría que esté pasando nada, y mantendría el nivel de gasto, y no sólo eso, lo aumentaría, para demostrar que todo va bien. Cuando la cosa ya fuera indefendible, diría que bueno, que vale, que hay una crisis, pero que no es culpa de la familia, que en realidad es culpa de los vecinos de al lado que no paran de despilfarrar. Crearían una comisión, con dietas y viajes pagados, para estudiar como se ha resuelto el problema en otras familias. Finalmente aplicarían las medidas necesarias, según ese estudio. Cancelarían el seguro medico, sacarían a la hija de la universidad y la pondrían a buscar trabajo (con el índice de paro, encontrarlo fácil no será), comprarían un coche más lujoso y buenos trajes para ir a las entrevistas de trabajo sin parecer pordioseros. Finalmente venderían el piso , y con los obtenido comprarían otro mejor, pidiendo evidentemente una hipoteca a 150 años, con unos intereses draconianos. Y si faltará dinero, todos a comer patatas, que eso de comer es un vicio.

Afortunadamente esto es una fábula, y ningún gobierno formado por políticos serios, dignos y honestos haría algo así, ¿verdad?.