EL TABLERO

Dibujo de Chema Pamundi en homenaje a Charlie Hebdo

El mundo siempre ha sido un inmenso tablero de juego. Las reglas y los jugadores cambian a lo largo de la historia. Imperios inmensos han desaparecido por completo, otros han ocupado su lugar. Igual que en un Wargame de tablero, se van ampliando reglas, y sacando expansiones: “Reglas de guerra económica”, “Reglas de guerra nuclear”, “Reglas de agitación popular”, etc.

La guerra, es una de las reglas que más ha cambiado a lo largo de la historia. La guerra ha sido siempre cosa de líderes, reyes, emperadores, que han dirigido a sus huestes a enfrentarse a otros, por un territorio, por riqueza, por poder, por un dios. Pero los líderes son humanos, también por odio, por envidia, incluso porque sí.

Frente a frente, desplegados, con palos y piedras, con escudos y lanzas, con mosquetes y bayonetas, con tanques y ametralladoras, con bombas atómicas. Pero el frente es cosa del pasado, ya se empezó a ver en la Segunda Guerra Mundial. Aún había un frente, pero los bombarderos de largo alcance se hundían tras las líneas del frente, atacaban objetivos militares, pero también a la población civil.

Los civiles, los que están en medio, con sus ideas, apoyando o no a su gobierno, apoyando o no a su ejército. En realidad no tiene importancia lo que piensen, las bombas y las balas los matan igual, las de sus enemigos o las propias. Las bombas no piensan, ni discriminan. La población civil siempre ha sido la víctima, saqueos, violaciones, matanzas, por apoyar a unos, por apoyar a otros, por no colaborar, por colaboracionistas. Da igual el tipo de guerra, siempre es la población civil la que sufre.

En el siglo XXI la guerra es global, y se juega con todas las reglas opcionales. Entre los miles de fichas, entre todos los rincones del tablero, solo algunos destacan, sólo algunos son enfocados por los medios, la mayoría muere en silencio, algunos reciben unos breves minutos de atención. Nos endurecemos, oír durante semanas las víctimas diarias en algunos países deja de llamarnos la atención, nos sigue pareciendo mal, pero nos encogemos de hombros y meneamos la cabeza “¿Dónde vamos a parar?”, al día siguiente 10, 100, 1000 muertos más se sumarán a la cifra, nos volveremos a encoger de hombros, o a lo mejor, ya ni eso.

Y entonces, de repente, entre todo el ruido, llega una noticia que nos impacta más. El primer motivo para esto es que los medios le dan más atención, no solo unos minutos. Programas especiales, conexiones en directo, seguimiento al minuto. Normalmente hay relacionado gente conocida, o sucede más cerca de “nosotros” (en el mundo globalizado “nosotros” es todo occidente). Los analistas buscan los motivos, los gobiernos aumentan los niveles de seguridad, la población manifiesta virtual y físicamente su rechazo. Siempre surgen teorías conspiratorias, algunas tan ridículas que dan risa. Se justifica, se condena, se maldice.

¿Cuánto vale un muerto? ¿Valen más unos que otros? ¿Es más condenable una muerte que otra? ¿Sentimos más unas muerte que otras? Hay una respuesta diferente para cada uno de nosotros.

¿Y los culpables?, ¿y las soluciones? Puedes oír de todo, desde dejarlos hacer hasta convertir sus territorios en desiertos despoblados.

Pero, como decía al principio, las reglas de la vieja guerra han cambiado, ahora estamos en una guerra de guerrillas a nivel global. Donde un solo individuo puede ocupar durante días la portada de las noticias por un acto, mientras miles desaparecen y no se les dedica ni unos minutos. Ya no hay un enemigo, ya no hay un frente. Pueden bombardear, mandar drones asesinos, en otro rincón aparecerá alguien que, en nombre de una bandera, en nombre de un dios o en nombre de la democracia, ordenará más muertes.

Pero hay una cosa que no ha cambiado, las víctimas. Y esto a lo mejor no va a gustar, pero las víctimas, sean quienes sean, no son héroes, nos son mártires, son personas. Personas que han intentado llevar su vida con la libertad que les dejan, y que han intentado hacer lo que creen que está bien, según su criterio.

Todas las víctimas merecen que se piense en ellas, todas las víctimas son importantes, y todos los actos que las producen merecen nuestra condena.

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