GASTOS

Ya desde hace mucho, la plebe, los que fuimos y seguimos siendo los esclavos, la “fuerza de trabajo”, dejamos de tener nombre para convertirnos en números. Dentro de la economía capitalista era lo único que nos representaba, un número. Un número asociado a una determinada producción, un número asociado a un determinado salario, un número asociado a un determinado consumo. Números que sumaban, números que restaban, números que se manifestaban.

La economía capitalista usaba nuestro número como medida, tantos números para producir tantas unidades, tantos compradores para producir tantos beneficios, tantos números improductivos para entender la situación de un país, tantos votos para justificar tantas decisiones.

Pero la crisis lo ha cambiado todo. Como masa trabajadora estamos dejando de ser números, o debería decir , estamos dejando de ser ESE tipo de números. Ahora somos gastos. Cada antiguo número es un gasto, mayor o menor, pero gasto al fin. Nada importa ya lo productivos que seamos, lo dispuestos que estemos a sacrificarnos, lo serviciales que seamos. Nada importa que estemos dispuestos ir al trabajo a rastras si hace falta, que no seamos reivindicativos, que estemos dispuestos a lo que sea por conservar nuestro puesto de trabajo. Lo único que importa es el valor que supone nuestro gasto. Un gasto menos, un beneficio más.

El capital coge un gasto mayor y lo sustituye por uno menor, no importa la producción o la imagen; y por supuesto no importa la persona. Si el capital tenía beneficios, ahora serán mayores; si tenía perdidas, ahora serán menores, o puede que incluso sean ganancias. Y lo mejor de todo, camuflados tras esos bailes de cifras, ocultarán su inaptitud y su mala gestión.

Gastos presentes, gastos pasados, gastos futuros, gastos sin nombre, gastos sin cara. Eliminados, o más bien traspasados, pulsando una tecla. Ya no están, ya no existen, son el pasado, una cifra en rojo en el balance de un libro de cuentas viejo.

Esta entrada va dedicada a todos los gastos que han sido borrados pulsando una tecla, gastos que aunque les pese, sí tienen nombre, cara, sentimientos y familia. Pero especialmente, va dedicado a cuatro de estos gastos en una cuenta de explotación de hace dos años: Rose, Manolo, Jordi y Pepe. Y muy especialmente, a cinco gastos sin nombre, no porque sean anónimos, sino porque aún no sabemos los nombres. Cinco gastos que entre febrero y marzo, alguien que se cree imprescindible pero también es un gasto, borrará pulsando un botón, sin pensar que a lo mejor, el siguiente en ser borrado es él.

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