SINDICALISTA

Esta entrada se ha ido dilatando en el tiempo. Empezó a formarse en mi cabeza hace meses; la quise hacer en la última huelga; la empece mucho más tarde. Hoy, en uno de los periodos de la democracia en que más están haciendo sufrir al pueblo, la retomo con intención de terminarla.

No estamos de moda, o sí, pero para mal. Pero tenía pendiente esta entrada desde hace tiempo, y lo prometido es deuda (otra entrada que también tengo pendiente, por cierto).

Me llamo Antonio y soy sindicalista, y lo digo así porque para muchos parece que es una adicción, o pertenecer a una secta; y a lo mejor un poco de todo hay. Pero el matiz es lo que cada uno piensa que es ser sindicalista. Pocos se cortan en decírmelo, que si chupopteros, que si unos caraduras, que si unos vendidos, que si unos traidores, y cosas aún más feas.

Bueno pues voy a empezar por decir lo que es ser sindicalista para mi. Un sindicalista es una persona que se preocupa más, en relación al trabajo (o a la falta de este), por los demás que por si mismo. Quietos, quietoooooooos, que los veo venir. Yo no digo que todos los sindicalistas sean eso, ni que todos los sindicalistas piensen que eso es ser sindicalista. Eso es lo que yo pienso que debe de ser un sindicalista, eso y nada más. Esa es para mi la esencia, eso es lo que me hace seguir aquí, y cada vez que he tenido dudas (que he tenido muchas, y las sigo teniendo), cuando busco el por qué estoy aquí siempre sale esto, y me da los ánimos para seguir.

Si ese espíritu, el espíritu del sindicalista de base, permaneciera en todos los estratos de un sindicato, mucho mejor nos irían las cosas. Pero no adelantemos acontecimientos.

Se habrán dado cuenta de que, para cumplir con lo que yo digo que creo que es ser sindicalista, curiosamente no hace falta estar en un sindicato, ni grande ni pequeño, basta con tener ese espíritu.

Pero claro, un sindicalista, para ser eficiente, o sea, para que su preocupación por lo demás dé resultados efectivos, necesita algo más que espíritu. Normalmente, los que tenemos estas ideas, empezamos como delegados en las elecciones de nuestra empresa (no todos, ¿eh?, los hay que empiezan a lo grande). Por ello el espíritu ya comentado aplicado a ese entorno, se centra en ayudar a tus compañeros, aconsejándoles, y negociando mejoras con la dirección de la empresa. Pero para ello necesitas dos cosas muy importantes. Por un lado necesitas conocimientos de la legislación laboral, en eso si que ayuda bastante estar afiliado a un sindicato, pero sigue sin ser algo esencial, simplemente es un modo que las cosas sean más fáciles. Lo otro que necesitas es el apoyo de tus compañeros y compañeras de trabajo. Eso es esencial, porque cuando estas en negociación con la dirección, es muy importante saber que tienes el apoyo de la plantilla, y que si has de tomar alguna medida de presión, sabes que te apoyarán en lo que digas. Ese apoyo se consigue aconsejando bien, consiguiendo buenas mejoras, y sobre todo, no engañando, ni firmando nunca algo sin contar con el apoyo de la plantilla. Esto último es otra cosa que debería ser lo normal, pero no siempre lo es. Siempre ha habido los que han tomado decisiones “porque es lo mejor”, haciendo caso omiso de sus representados. En esas situaciones pueden pasar dos cosas: que realmente fuera lo mejor, el tiempo le dé la razón y los compañeros también; que no vuelva a salir elegido en la vida, tenga o no razón, y se le cuelgue la etiqueta de traidor.

Se critica mucho lo que cedemos en las empresas, lo que negociamos. Para bien o para mal un delegado tiene mucha más información que otras personas de la empresa. Tenemos acceso a las cuentas (maquilladas o no, eso nunca se sabe), conocemos los márgenes que nos da la legislación vigente, seguimos las sentencias laborales sobre temas similares a los que nos toca batallar. Por eso, muchas veces, hay decisiones que parecen rendiciones, pero que normalmente intentan proteger empleos y evitar cierres de empresas. Porque ya les digo ahora, el peor momento es el de ver compañeros en la calle, y peor aún si es por el cierre total de la empresa.

Pero mucha gente no cree en nosotros, en los sindicatos. Está claro que tenemos la mayor parte de la culpa. Sinceramente, a mi no me preocupa que en una empresa no haya representación sindical, siempre y cuando haya representación de los trabajadores. O sea, que uno o más trabajadores se sientan “sindicalistas” (sin ser de un sindicato) y se informen y ayuden al resto. Estos representantes pueden ser tan válidos, o incluso más, que un delegado afiliado a cualquier sindicato. Lo que me preocupa de verdad es donde no hay ningún tipo de representación, y el empresario de turno campa a sus anchas. Necesitaría mucho tiempo para contarles las barbaridades que he visto hacer en empresas sin representación, sin que nadie mueva un dedo, con todo el mundo apretando el culo para ver si no le toca a él pringar.

El mayor problema que tenemos los sindicalistas de sindicato, son nuestras cúpulas. Hasta a nosotros nos cuesta muchas veces defender algunas de las posiciones y de los acuerdos a los que se llegan. Acuerdos que nos dejan con el culo al aire, y sin armas. Y ojo, que yo no soy de los que comulgo con todo, que si veo una cosa que no me gusta lo digo, y sino se me argumentan bien las cosas, me seguirá sin gustar. Porque hay gente que cambia de idea con una facilidad… Lo cual no quita que con todo, aplique parte de lo que ya he dicho, si yo tengo en mi empresa más información que un trabajador, espero que mi Secretario General tenga, a nivel nacional, mucha más información que yo, y tome esas decisiones conscientemente. Y sin embargo me falta lo de que me pida mi opinión, la mía y la de cualquier afiliado, y el que piense que es imposible es que no entiende lo que no hemos de modernizar, pero eso luego.

No me gusta que recibamos ningún tipo de subvenciones estatales, nos desacredita. No me gusta el sistema de elección de cargos a lo largo de toda la estructura sindical, es poco trasparente y hasta me atrevería a decir que poco democrático (¿Se han preguntado alguna vez quien vota a los secretarios generales de un sindicato?). No me gusta que para atender a alguien se le pregunte si es afiliado (se que no es siempre, pero también se que ha pasado), primero atender y ayudar, y luego ya podemos decir “¿Estás satisfecho? Pues piensa en afiliarte”. No me gusta que gastemos tanto dinero en viajes y reuniones, estamos en el siglo XXI, las videoconferencias son una realidad. No me gusta la guerra de banderas y emblemas cada vez que nos manifestamos o hacemos algún acto junto con otros sindicatos. No me gusta que los demás sindicatos se consideren enemigos, cuando deberíamos ir de la mano. No me gusta que la política, y la afinidad a tal o cual partido ciegue lo que somos, defensores de la clase trabajadora. No me gusta que las cúpulas se hagan la foto con según quien en según que momentos, que se la hagan solos. No me gustan algunas cosas que veo hacer dentro del sindicato “porque lo dice el jefe”.

Y a pesar de todo eso, a pesar de todo lo que no me gusta, sigo aquí, a mi manera, eso sí. En los sindicatos tenemos un gran reto, modernizarnos, y modernizarse no es abrir una cuenta de Twitter, un blog y una página en Facebook. Hay tantas cosas que pedimos a los gobiernos, y que deberíamos ser los primeros en hacer, para dar ejemplo. ¿Les suena lo de democracia directa? Pues podríamos empezar por ahí.

Ha salido largo esto, ¿eh?. Pues sólo he hablado del sindicalismo de base, otro día les hablaré de los siguientes niveles, de los que conozco, claro, que no es mucho, pero algo es algo.

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