YA NO ES LO QUE ERA

Desde hace tiempo hay elementos sencillos a los que hemos corrompido por completo su función original. Voy a poner tres ejemplos: la lengua (idioma), el estado y la moneda.

Empecemos por la lengua. Posiblemente desde antes de que pudiera considerársenos homos (de cualquier tipo), ya sabíamos comunicarnos entre nosotros. Debimos usar todo lo que aún teníamos de animal salvaje, olores, colores, gestos, y gruñidos.

Y en algún momento la magia de la evolución transformó esos gruñidos en sonidos articulados, que podían repetirse, y aprenderse. Y nació el lenguaje, el primer idioma.

Acelero el tiempo, ese idioma primigenio evoluciona, cambia, se hace más complejo, aparecen variaciones. Las variaciones vienen de la manera de pronunciarlo en la cueva, en la aldea, en el reino. El idioma solo tiene un fin, comunicar tus ideas (buenas o malas). En algún momento, un conquistador y/o un opresor descubre que suprimiendo la lengua de los conquistados, se hace más sencillo su sometimiento, su anulación como conjunto. El idioma se acaba de transformar en un arma, y además, de rebote, en una ideología, en una seña de identidad. Porque claro, evidentemente, el oprimido descubre que usar ese idioma, por un lado molesta a su opresor, y por otro refuerza su identidad como colectivo. Esto se ha ido repitiendo a lo largo de los siglos, y así, algo nacido para un fin tan sencillo o tan complejo, como comunicarse, ha terminando sirviendo para todo lo contrario, incomunicarse. Y nos permite asistir a situaciones tan ridículas, como dos personas que se entienden con un idioma, obligando a que se les traduzca a otro idioma lo que se dicen, solo por mantener su identidad tribal.

Seguimos con el estado. De esto no es la primera vez que hablo. Volvamos otra vez a los albores de la humanidad. Aún formábamos manadas o clanes, puede que también grupos familiares más pequeños. Pero el mundo era muy hostil, y había que unirse para salir adelante. Aldeas, poblados, ciudades, civilizaciones. Unirse siempre tenía una finalidad, poner en común recursos, habilidades y conocimientos, para que todos pudieran salir adelante lo mejor posible. Cuando las cosas iban mal, todos pasaban hambre; cuando las cosas iban bien, todos tenían abundancia.

Podemos aún ver el remanente de ese sistema en las unidades familiares de la actualidad. En muchas aún se actúa igual: todos aportamos, todos nos beneficiamos.

Pero ya desde casi los inicios, el sistema se pervirtió. Las castas, las clases, el poder, pusieron niveles, de quién debe dar más, y quién debe recibir más, y en la inmensa mayoría de los casos ha sido para mal. El medio (el estado) para conseguir un fin (el beneficio mutuo), se ha convertido en el fin (el beneficio del estado), conseguido mediante un medio (el sacrificio de todos). Y ni siquiera eso, porque no se beneficia el estado, sino algunos humanos, o entidades. Y tampoco se explota a todos, ni a todos por igual.

Y ya que hablamos de explotar, hablemos de la moneda. Ya saben donde tenemos que ir, ¿verdad? En las unidades familiares y clanes iniciales, las cosas no tenían un valor. Como ya hemos explicado antes, se ponía todo en común. La comida era para alimentar a todos, las pieles para abrigar a todos, etc. Pero al unirse en grupos mayores, no había tanta confianza, los lazos no eran tan fuertes, y uno se acaba cansando de poner siempre, y no recibir a cambio. Y nace el intercambio. Mediante los conocimientos individuales o de un grupo reducido, se hace algo determinado, como por ejemplo cultivar vegetales. Pero como se dedica mucho tiempo para conseguir eso, no se puede cazar para conseguir carne. Te cambio carne por vegetales. Es otro modo de poner en común, pero desde una posición más individual. El trueque funciona durante tiempo, pero en algún momento el que cultiva vegetales se encuentra que en primavera da más de lo que necesita recibir, y en invierno no tiene nada para dar lo que necesita. Puede que la primera moneda fueran conchas, piedras bonitas, plumas, ¿quién sabe? El caso es que un objeto, ajeno a los conocimientos de los implicados en el intercambio, marcaba un valor, y permitía ahorrar el exceso de recursos “dados” en un momento determinado, para poder “recibir” cuando esos recursos eran más escasos.

Y la moneda creció, evoluciono, y se reprodujo. Hoy en día ni siquiera es material, en muchos casos son dígitos, bytes en un ordenador. Pero lo más importante, ahora la moneda no es un medio para comerciar, el comercio es un medio para obtener moneda, y con ella poder.

Me pregunto ¿en que momento hemos dejado de evolucionar, y hemos empezado a involucionar?

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