Somalia

Somalia se muere de hambre, literalmente, y prácticamente a nadie le importa una mierda. ¿Perdone? ¿Cómo dice? ¿Que a usted sí? Bueno, no nos conocemos, a lo mejor usted está ayunando en solidaridad con Somalia, o puede que sea usted un voluntario de alguna de las organizaciones que tratan de ayudar sobre el terreno ¿Ah, no?

Ya entiendo, usted entonces es como yo, sentado en su comedor, a la hora de comer, contempla horrorizado la pantalla de su televisor, en la que niños esqueléticos, al lado de madres esqueléticas, se ven acosados por las moscas mientras se mueren de hambre. Si es usted muy sensible, puede que incluso se le revuelva el estomago, y le quite el apetito, y tire lo que no se ha comido a la basura. Una ironía interesante, ¿no cree? El ver morir a alguien de hambre le quita el apetito (momentáneamente) y usted tira lo que esa gente más necesita: comida.

Oh, yo le puedo hablar mucho de tirar comida. Llevo veinticinco años trabajando en Mercabarna, que, por si no lo sabe, es el mercado central de Barcelona. Y veo cada día tirar toneladas y toneladas de alimentos. Sí, sí, yo también he oído eso de que la logística que se necesitaría para algo así lo haría imposible. Ya, claro. ¿Sabe usted cuantos barcos cargueros, cargados de contenedores llenos de alimentos congelados, llegan a Europa desde Asia, Africa y Sudamérica? ¿Que no hay medios? Una mierda.

A lo mejor usted, como yo, colabora con alguna ONG para ayudar a esa pobre gente, y dona al mes digamos que la mitad de lo que le cuesta una cena un fin de semana. Y luego mira con suficiencia a los que no hacen nada de nada.

¿Qué pasa? ¿Escuece oír las verdades? Pues se jode, como me jodo yo cada día cuando me miro al espejo y sigo repitiendo la rutina diaria, en esto que nos han hecho creer que es el primer mundo.

Al fin y al cabo, así entre nosotros, usted y yo poco podemos hacer. Pero lo que jode de verdad es que los que si tienen los medios para hacer algo pasan de todo.

Hace unos años estornudaron los bancos, y faltaron piernas para correr a darles dinero. En los últimos años han habido diversos puntos calientes políticamente, y todos los medios han sido pocos para “ayudar” a los ciudadanos oprimidos de esos pueblos. Súmele a eso el despilfarro militar, los brutales beneficios de las grandes corporaciones y muchas cosas más. ¿Usted podría dormir por las noches si fuera uno de esos que tiene el poder? Mentiroso, claro que podría, ellos lo hacen y usted lo haría también.

Por cierto, Somalia no se está muriendo de hambre ahora, lleva ya años, como toda una zona de África muy afectada por la sequía y los conflictos tribales o cuasi-tribales. Así que todo eso ya se sabía, no es nuevo de ahora. Pero estos días los noticiarios van flojos de carnaza, y esta carnaza viene bien para llenar huecos y distraer al personal de sus propios problemas. Ya se sabe que las desgracias de los demás siempre hacen más llevaderas las propias.

Pero oiga, usted y yo ni caso, a lo nuestro, lo más que nos puede pasar es que nos tengamos que mirar al espejo con una bolsa de papel en la cabeza para evitar la vergüenza.

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