Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar…

El Mercado ha dormido tranquilo esta noche. Arrullado por el sonido de los votos en Grecia, el ruido de la protesta de los griegos no le ha molestado.

El Mercado vive unos tiempos de ensueño. Con el miedo de la crisis como arma, está consiguiendo cosas que no se habían conseguido en las peores dictaduras, ni en los estados más fascistas posibles. Ha conseguido que las personas, que los terrícolas, dejemos de importar. “¿Qué más da lo que piensen los terrícolas?”, se dice para si mismo el Mercado. “Ellos no saben lo que es realmente importante, no entienden las consecuencias, sólo yo lo veo, sólo yo sé qué hay que hacer. Y si no se hace será el caos y la anarquía”.

Y eso, el caos y la anarquía, es lo que más teme el Mercado, porque pierde su control. Las soluciones están claras para él. Convertir los derechos de los terrícolas en un lujo, un lujo que solo se podrán pagar unos pocos, y los demás ya se apañarán. “Además, cuando la gente esté en la calle, sin casa, sin trabajo, sin comida; habrá bastante con arrojarles un mendrugo de pan, y ya estarán contentos”, se dice sonriendo. “Se ha demostrado científicamente que hasta que las necesidades básicas no están cubiertas, los terrícolas no se preocupan de otras necesidades menos vitales”, concluye satisfecho.

Y en su ceguera, el Mercado no se da cuenta de que los terrícolas no sólo somos su mano de obra, también somos sus consumidores, y los que pagamos sus cuentas con nuestros impuestos. Todas las medidas que se han puesto en marcha contra la crisis (la de Grecia y las demás), todos los planes de rescate, van hacía el mismo sitio, satisfacer al Mercado, a costa de lo que sea. Grecia, es el claro ejemplo de que el plan de rescate solo vale para convertir la vida de sus ciudadanos en un infierno. Se ha terminado el dinero del primer plan de rescate, a pesar de todas las medidas tomadas, y para evitar la quiebra del país, la única solución ha sido otro plan de rescate. Y el precio es medidas de recortes más drásticas aún. Más trabajadores a la calle, menos servicios para sus ciudadanos.

Y mientras tanto, la deuda mundial aumenta, y va pasando de unos a otros. Ahora es China la que compra deuda. Me han de perdonar, mis conocimientos económicos no llegan a tanto, me pierdo cuando se entra en el lenguaje de economistas. Y sin embargo saco algunas conclusiones.

Eso que alegremente se llama deuda, son las facturas sin pagar de los estados. Como no las pueden pagar, se las venden a otros. Son como los pagarés. Un pagaré era un documento por el cual una persona certificaba a otra que le debía una cantidad de dinero determinada, y que esa persona tenía derecho a cobrarlas. El adeudado, podía quedarse el pagaré hasta que fuera posible cobrarlo, o podía vendérselo a alguien por una cantidad inferior, con lo cual recuperaba parte de su deuda, y el otro ya se apañará para cobrar. Evidentemente, durante todo el proceso, la deuda va creciendo a causa de los intereses.

Pues bien, la deuda de los estados es lo mismo. El estado va dejando dinero (nuestro dinero, no lo olvidemos) a entidades para evitar su caída, va gastando su presupuesto aquí y allí, y se va endeudando cada vez más. Y entonces vende su deuda. Quien la compra (hasta ahora los bancos alemanes, ingleses y franceses) se la compra para, al vencimiento de la deuda, ganar un x % más. Cuando llega el momento de pagar esa deuda, si el estado no tiene bastante dinero, vende más deuda, para poder pagar, y claro, el que compra pide recuperar más. Y así se va creando, mágicamente, más y más dinero, que no esta respaldado por nada, solo por una deuda que se hace cada vez más imposible de pagar. Finalmente pasa lo de Grecia, cuando ya nadie quiere la deuda, porque esta claro lo que va a pasar, o se consigue dinero o todo se va a tomar por culo. En este caso Europa deja el dinero, o sea, Europa se endeuda más, para rescatar a Grecia (que no a sus ciudadanos, no olvidemos esto tampoco). ¿Y quién está comprando esa deuda Europea? Pues ahora mismo China, que le salen los billetes por las orejas. Pero no hace falta ser un lince para darse cuenta de que esto es una carrera hacía el infierno, cuesta abajo y sin ruedas.

Es más. Desde mi desconocimiento, veo muchas similitudes entre otras burbujas económicas (la hipotecaría, la de ladrillo, la tecnológica) , que han acabado estallando al ver que estaban sostenidas sobre nada, y la que yo llamaría “burbuja de deuda”. El problema es que cuando esta burbuja estalle, detrás no quedará nada, y lo que pueda pasar es una incertidumbre absoluta, incluso para el Mercado.

A vosotros, terrícolas, os digo, mirad a Grecia, aprended y preparaos, porque a menos que hagamos algo, pronto estaremos así. Y todo lo que se ha movido hasta ahora en las calles será una risa, comparado con la lucha que se nos viene encima. Así que, o nos juntamos todos, pero TODOS, y le enseñamos los dientes al señor Mercado, o lo tenemos claro.

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