Abstención racional

Ya estamos otra vez en campaña electoral, ¡Qué bien! (dicho con tono irónico). Cada vez que se monta el circo electoral toca lo mismo. No, no hablo de la campaña que hacen los políticos, ya se que eso también es igual cada vez, pero no me refiero a eso. Me refiero a tener que dar explicaciones de porque me abstengo. Esta vez lo voy a escribir aquí, así ya lo tengo por escrito y puedo usarlo en otras ocasiones, e incluso mirarlo yo mismo por si he cambiado de opinión.

Ante todo hay que decir que no he llegado a la conclusión de abstenerme por dejadez, porque pase de todo o así de golpe. He pasado por todas las fases. Primero era de los que defendían que había que votar, que si no no te puede quejar, y hacía voto “útil”, o sea, votaba a partidos que obtenían representación. En poco tiempo vi que las promesas electorales del partido al que había votado se quedaban en nada, o incluso peor, para conseguir gobernar eran capaces de aliarse con partidos a los que no habría votado nunca.

De ahí pase a la segunda fase, el voto “alternativo”. Para mi consistía en buscar partidos con pocas posibilidades de tener representación, pero cuyas ideas y programa me dijera algo. También tuve mi desengaño. En los casos en que alguno de ellos llegaba a tener representación, se comportaba exactamente igual que los partidos “útiles”. Aunque lo que sucedía más a menudo es que no conseguían representación, por entonces aun no sabía porque.

Y llego el voto de “castigo”. Buscaba partidos ridículos, que supiera seguro que no iban a sacar prácticamente votos. De esto me desengañe solo, no parecía tener ninguna utilidad práctica. Después de unas elecciones se analizan muchas cifras, pero se preguntan por los votos de un partido desconocido que a penas a llegado al centenar.

Así que me refugié en el voto en blanco. No terminaba de gustarme, pero algo había que hacer.

Ya por entonces colaboraba en Contrabanda FM, y con mis compañeros y amigos de La Tripulación del Comodín analizábamos nuestro descontento, muchos de ellos ya tenían sus conclusiones, a mi me faltaba madurarlas. A esas alturas me puse a revisar libros de antropología, filosofía (incluyendo griega) y todo lo que creía que me podía ayudar. De la reflexión tanto individual como conjunta salía una conclusión evidente, al menos para nosotros.

El concepto de Estado ha sido pervertido y deformado hace ya mucho, tanto que es difícil saber cuando sucedió. La constitución, que debería ser “el reglamento del juego”, es omitido permanentemente y solo es sacado a la luz por los políticos cuando ayuda a sus intereses. Nuestra única participación, lo único que nos dejan hacer, en esto que llaman democracia, es votar (o no) cada x tiempo. Después de eso todo lo prometido, es olvidado sistematicamente, a menos que de nuevo les sea beneficioso, y toca colocar a los “tuyos” lo mejor posible y pillar todo lo que puedas, que nunca se sabe cuanto va a durar.

A partir de ahí podemos quejarnos lo que queramos, protestar, hacer manifestaciones, lo que sea. El mecanismo esta ya cerrado, nosotros no tenemos poder por via legal de tumbar a nadie, nuestro voto está secuestrado, su democracia es una broma, y de mal gusto.

Es más hiriente aun cuando analizas la legislación electoral. Lo primero que descubres es que las elecciones son una fuente de financiación para todos los partidos, pero sobre todo para los que han conseguido representación. También ayuda a entender porque el voto “alternativo”, que comentaba antes, era tan difícil que consiguiera algún resultado. El sistema electoral español, pactado en plena post-dictadura con sonidos de sables de fondo, esta diseñado para favorecer a las mayorías, los partidos minoritarios son engullidos por el porcentaje minimo para obtener representatividad. Los votos en blanco y los dispersos votos a estos partidos menores, solo hacen aumentar ese porcentaje, y hacer casi imposible que vean la luz o se mantengan este tipo de partidos.

Si esto no fuera suficiente, vemos cada vez más, como esa casta política vive en un mundo alternativo, donde nuestros problemas, los problemas de la plebe, no existen. No pueden entender que hay mucha gente que lleva en crisis económica desde que nació, porque él y su família siempre han vivido con lo justo, en el mejor de los casos. Los políticos mientras tanto viven en su tren de vida, cambian de partido cuando creen necesario sin despeinarse, mienten con una facilidad vergonzosa, y cuando ya no están en el poder, además de pensiones de la ostia, cobran los favores que les deben las grandes compañías, y consiguen maravillosos trabajos donde seguir sin dar un palo al agua.

Así que la conclusión es clara, quizas no sepa, no pueda o no quiera cambiar el juego, pero lo que si tengo claro es que no les voy a ayudar a jugar con mi voto. Ni voto en blanco, ni voto nulo, ni hostias, no voto porque no creo en vuestro puto sistema.

Normalmente todo esto debería ser suficiente para que se entienda el porque me abstengo. Ojo, fíjense ustedes, no digo para convencerles a ustedes de que hagan lo mismo, ya me conformaría con que al menos les hiciera reflexionar, pero ni eso pido, solo pido respeto a mi posición. Porque claro, luego viene la lista de reproches:

– Ha muerto mucha gente para que tengas derecho a votar. Ya lo creo, y si esa gente viera en que hemos convertido aquello por lo que ellos lucharon, posiblemente nos correrían a patadas hasta la frontera.

– Si no votas no puedes quejarte. Puedo quejarme, y el que vota tambien puede quejarse, en ningún sitio pone que no podamos, pero tampoco pone que vaya a servir para algo.

– Por tu culpa ganará la derecha. Para empezar en estos momentos da igual quien gane, quien manda aquí es el Sr. Mercado, y le da igual el color del partido. Por otro lado eso sería presuponer que todos los que nos abstenemos votaríamos izquierda y ademas que votaríamos al mismo partido.

– Prefieres quedarte en casa o ir a la playa que ir a votar. Ademas de que no me gusta la playa les aseguro a ustedes que a mi me encantaría poder ir a votar y sentir que lo que hago vale para algo, y ver unos resultados de unas elecciones y pensar que ese gobierno si que hará lo que tiene que hacer. Lamentablemente lo que acababa pensando cuando votaba era “Joder, estos también” o “Ya estamos otra vez”, y cuando estas pensando eso, y sabes que esos señores están allí gracias a tu voto, a ustedes no se, pero a mi se me comen los demonios.

– Nadie sabe por que te abstienes. Para empezar lo se yo, y además no me canso de repetirlo a todo el que lo quiere saber (y posiblemente a algunos que no quieren saberlo). Y en la era digital, además, estas reflexiones se extienden con más facilidad. Pero dejando eso de lado, tampoco se sabe porque vota la gente ¿por el programa? ¿por que el candidato es guapo? ¿para que no gana el partido X? ¿por costumbre? ¿para castigar a los que votabas antes?.

-Tu lo que pasa es que eres un pasota. Si después de leer todo lo que he puesto aquí, aun piensan eso, esta claro que tenemos un serio problema de comunicación, y puede que sea insalvable, no gastemos más nuestro tiempo en intentar entendernos.

Seguro que hay más reproches, les animo a hacerme los suyos, intentaré contestarlos con la mejor voluntad.

Queda claro, ¿no? Pues a ver si no lo tengo que repetir.

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Un comentario en “Abstención racional

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